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Madre desesperada; Debe restituir sus hijas al padre, acusado de abuso sexual

Un fallo de la Corte las obliga a volver este lunes a EEUU. “No estoy peleando por un tema de tenencia, yo sé que allá su papá va a volver a abusar de ellas”, sostuvo la mujer, que a su vez está acusada de secuestro.

“Estoy desesperada. Mis hijas no quieren saber nada con irse a Estados Unidos. Y no estoy peleando por un tema de tenencia, yo sé que allá su papá va a volver a abusar de ellas”. María Victoria Camuyrano (44) charla con Clarín y se quiebra. Su peor pesadilla está por concretarse: este lunes a las 14 irán a buscar a sus hijas de 9 y 10 años a su departamento de Barrio Norte, que anoche estaba rodeado por policías de civil, para subirlas a un vuelo con destino a EE.UU. “Viene una tutora del Juzgado Civil Nº 7, personal de Interpol y de la embajada norteamericana y efectivos de la Metropolitana y la Federal que nos van a escoltar hasta Ezeiza. Para mis hijas va a ser un momento horrible, uno más”, dice María Victoria. Eso pasará por orden de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que falló a favor de la restitución de las menores a su papá, Antonio Quintana (47).
El hombre tiene una causa abierta por violar a una de ellas. Su madre no quiere dejarlas solas y también viajará, aunque sabe que lo más probable es que termine presa porque allí la denunciaron por secuestro.

María Victoria viajó a trabajar a Estados Unidos y conoció a Antonio en 2000. “Éramos vecinos en Virginia. Empezamos a salir en 2001 y en 2004 viajamos a Argentina para casarnos y compartir la ceremonia con mi familia”, cuenta la mujer. Al poco tiempo de volver a Norteamérica arrancaron los inconvenientes: “Comenzó a ponerse violento. Me apretaba de los brazos y me zamarreaba, me arrastraba por las escaleras y me gritaba desaforadamente cada vez que lo contradecía. Además, tenía un arma y yo temía que me pegara un tiro”. Tras cada episodio, venían las disculpas seguidas de promesas y regalos.

En 2005, ella quedó embarazada de su primera hija y a los seis meses de dar a luz volvió a embarazarse. “Las agresiones no cesaron ni con la panza. A Quintana le salió un trabajo en Malasia y, como tenía familia en Puerto Rico, me ordenó mudarme allá con su madre. Viví en ese país unos meses y después nos mandó viajar a Malasia”, sigue María Victoria que, para ese momento, le tenía tanto miedo a su marido que se limitaba a acatar.

Todo empeoró en Malasia porque empezó a notar indicios de abuso en su hija mayor. “Se subía sobre su hermanita y se movía apretando su pubis contra la cola de la bebé. Repetía esa conducta una y otra vez”, recuerda la mamá que, alertada, enfrentó a su esposo. Según cuenta, él le decía que seguro “era otra persona” la que abusaba de la nena.

De Malasia se trasladaron a Argentina a fines de 2009, cuando Antonio perdió el trabajo. “Otra vez, fue decisión de él. Lo que yo decía o creía no importaba. Volví con mis hijas en noviembre y él se sumó para las Fiestas”, relata María Victoria, que asegura que su relación se terminó de romper en enero mientras paraban en el departamento de Recoleta de su mamá. “Una noche, mi mamá se despertó, entró al cuarto de las nenas y encontró a Antonio violando a la mayor que, para entonces, tenía tres”, agrega entre lágrimas y señala que las visitas nocturnas a sus hijas, en especial a la cama de la más grande, eran una constante desde que vivían en Virginia.

Esa vez, Quintana negó todo y se volvió a Estados Unidos. Con el agresor lejos, María Victoria primero pidió ayuda a través del 144 aunque no logró que asistieran a sus hijas. Luego empezó a llevar a la mayor a una psicóloga particular que le confirmó la situación de abuso. “Con el informe de esa especialista, hice la primera denuncia. Desde la oficina de violencia familiar me recomendaron que iniciara la causa civil pero no la penal para evitar que ‘revictimizaran’ a mi hija con chequeos invasivos”, explica María Victoria que ahora se arrepiente de demorar unos meses en formalizar la segunda demanda. Es que ese retraso fue uno de los argumentos que utilizó la Corte para fallar en su contra: los jueces destacaron que la denuncia por abuso se registró unos días después de que el padre demandara la restitución, cuando los hechos señalados datan de 9 meses antes.

“Lo hice para proteger a mi hija, pero la situación se complicó. Cuando Antonio se enteró de mi denuncia civil, me acusó en Estados Unidos de secuestrar a las nenas. A mí nunca me notificaron, quedé en ‘rebeldía’. Por esto, cuando entremos a EE.UU. no sólo le van a dar la tenencia a él sino que voy a tener problemas porque hay una orden de arresto en mi contra”, aporta la mujer. Y remarca que la Justicia argentina la está dejando sola, sin la asistencia legal que necesita: “Me dieron un listado de abogados y 1.700 dólares cuando, en Estados Unidos, un letrado cobra hasta 650 dólares la hora y pide, a modo de anticipo, hasta 25

Carlos Acosta, abogado de María Victoria en Argentina, explica que en el ámbito civil los magistrados se expidieron en contra de la restitución en primera instancia aunque, tras la apelación de Quintana, la Cámara dio vuelta el fallo y la Corte terminó confirmando dicha decisión. En lo penal, el Juzgado Nacional de Primera Instancia Nº 44 procesó a Quintana por considerarlo “autor penalmente responsable del delito de abuso sexual simple agravado por el vínculo”, según figura en el fallo al que accedió este diario. Sin embargo, la Cámara de Apelaciones revocó el procesamiento, dictó la falta de mérito y ordenó que se siguiera investigando. “A pesar de que la causa por abuso sigue abierta, la Corte falló a favor de la restitución. Por esto, presentamos una medida cautelar ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que revise la sentencia. Porque no están protegiendo a las menores ni se respetó su derecho a ser escuchadas”, cierra Acosta.
Fuente: Clarín

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